martes, 13 de diciembre de 2011

NO SÉ POR QUÉ TE QUIERO

Una de las canciones que más me gustan de Ana Belén.. y Antonio Banderas, que por si no lo sabéis también canta! y realmente bien.

lunes, 21 de noviembre de 2011

LOS TIEMPOS QUE SE AVECINAN

No, no pienso hablar de política..esos tiempos ya vienen dados solos, sin necesidad de ayuda, y menos aún la mía.
Es diferente mi idea, más bien es un antiguo proyecto que abandoné hace tiempo, eso sí, después de mucha práctica. ¿De qué estoy hablando? (pensaréis).. de la Navidad (los que me conocéis un poco sabéis de lo prácticamente nada que me atrae este tiempo del año).
Si recordáis, hace un tiempo dediqué una entrada a alguien a quien quiero mucho y que no está en su mejor momento, recordáis? Pues por ahí viene mi idea: de repente he vuelto a pensar en las muchas cosas que te quedan po decir a alguien que quieres, las sonrisas que has dejado de dedicar a gente que sencillamente aprecias, palabras de ánimo, una broma a tiempo, un chiste aunque no sea divertido pero que es una buena excusa para que te llamen cariñosamente "tonta"... ¿os habéis parado a pensarlo? Y si de repente no tuvieras tiempo de hacer todo eso? Yo me arrepentiría el resto de mi vida. Es algo que ya me ha pasado dos veces y no quiero que vuelva a suceder en la medida de lo posible.
¿Que es la nostalgia de la Navidad? Puede ser, quizá me hace mucho más sensible y vulnerable, pero si algo creo firmemente es que la gente cuando se va para siempre deja un vacío que no llenas jamás, ni siquiera con el cariño de otros.. cada uno es especial por más que nos empeñemos en decir lo contrario.. Somos reemplazables excepto en lo que se refiere a los sentimientos y emociones: en eso somos especiales, únicos y diferentes como nuestro propio mapa genético.
Es mi viejo proyecto actualizado, ¿que queréis llamarlo mi promesa de Navidad?.. Vale, no hay inconveniente; pero pensadlo bien, ¿no merece la pena esforzarse un poco? Creo profundamente que compensa el trabajo.
Ese es mi regalo navideño, para quien ahora lo necesita de verdad y para quien sólo es un detalle más.

martes, 11 de octubre de 2011

LA RAZÓN FRENTE A LA EMOCIÓN

EL DESAFÍO DE ARISTÓTELES
Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno. Con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
Aristóteles, Ética a Nicómaco.
Era una bochornosa tarde de agosto en la ciudad de Nueva York. Uno de esos días asfixiantes que hacen que la gente se sienta nerviosa y malhumorada. En el camino de regreso a mi hotel, tomé un autobús en la avenida Madison y, apenas subí al vehículo, me impresionó la cálida bienvenida del conductor, un hombre de raza negra de mediana edad en cuyo rostro se esbozaba una sonrisa entusiasta, que me obsequió con un amistoso «¡Hola! ¿Cómo está?», un saludo con el que recibía a todos los viajeros que subían al autobús mientras éste iba serpenteando por entre el denso tráfico del centro de la ciudad. Pero, aunque todos los pasajeros eran recibidos con idéntica amabilidad, el sofocante clima del día parecía afectarles hasta el punto de que muy pocos le devolvían el saludo.
No obstante, a medida que el autobús reptaba pesadamente a través del laberinto urbano, iba teniendo lugar una lenta y mágica transformación. El conductor inició, en voz alta, un diálogo consigo mismo, dirigido a todos los viajeros, en el que iba comentando generosamente las escenas que desfilaban ante nuestros ojos: rebajas en esos grandes almacenes, una hermosa exposición en aquel museo y qué decir de la película recién estrenada en el cine de la manzana siguiente. La evidente satisfacción que le producía hablarnos de las múltiples alternativas que ofrecía la ciudad era contagiosa, y cada vez que un pasajero llegaba al final de su trayecto y descendía del vehículo, parecía haberse sacudido de encima el halo de irritación con el que subiera y, cuando el conductor le despedía con un «¡Hasta la vista! ¡Que tenga un buen día!», todos respondían con una abierta sonrisa.
El recuerdo de aquel encuentro ha permanecido conmigo durante casi veinte años. Aquel día acababa de doctorarme en psicología, pero la psicología de entonces prestaba poca o ninguna atención a la forma en que tienen lugar estas transformaciones.
La ciencia psicológica sabía muy poco —si es que sabía algo— sobre los mecanismos de la emoción. Y, a pesar de todo, no cabe la menor duda de que el conductor de aquel autobús era el epicentro de una contagiosa oleada de buenos sentimientos que, a traves de sus pasajeros, se extendía por toda la ciudad. Aquel conductor era un conciliador nato, una especie de mago que tenía el poder de conjurar el nerviosismo y el mal humor que atenazaban a sus pasajeros, ablandando y abriendo un poco sus corazones.
Veamos ahora el marcado contraste que nos ofrecen algunas noticias recogidas en los periódicos de la última semana:
En una escuela local, un niño de nueve años, aquejado de un acceso de violencia porque unos compañeros de tercer curso le habían llamado «mocoso», vertió pintura sobre pupitres, ordenadores e impresoras y destruyó un automóvil que se hallaba estacionado en el aparcamiento.
Ocho jóvenes resultan heridos a causa de un incidente ocurrido cuando una multitud de adolescentes se apiñaban en la puerta de entrada de un club de rap de Manhattan. El incidente, que se inició con una serie de empujones, llevó a uno de los implicados a disparar sobre la multitud con un revólver de calibre 38. El periodista subraya el aumento alarmante de estas reacciones desproporcionadas ante situaciones nimias que se interpretan como faltas de respeto.
Según un informe, el cincuenta y siete por ciento de los asesinatos de menores de doce años fueron cometidos por sus padres o padrastros. En casi la mitad de los casos, los padres trataron de justificar su conducta aduciendo que «lo único que deseaban era castigar al pequeño». Cuya falta, la mayoría de las veces, había consistido en una «infracción» tan grave como ponerse delante del televisor, gritar o ensuciar los pañales.
Un joven alemán es juzgado por provocar un incendio que terminó con la vida de cinco mujeres y niñas de origen turco mientras éstas dormían. El joven, integrante de un grupo neonazi, trató de disculpar su conducta aludiendo a su inestabilidad laboral, a sus problemas con el alcohol y a su creencia de que los culpables de su mala fortuna eran los extranjeros. Y, con un hilo de voz apenas audible, concluyó su declaración diciendo «Me arrepentiré toda la vida. Estoy profundamente avergonzado de lo que hicimos».
A diario, los periódicos nos acosan con noticias que hablan del aumento de la inseguridad y de la degradación de la vida ciudadana. Fruto de una irrupción descontrolada de los impulsos.
Pero este tipo de noticias simplemente nos devuelve la imagen ampliada de la creciente pérdida de control sobre las emociones que tiene lugar en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Nadie permanece a salvo de esta marea errática de arrebatos y arrepentimientos que, de una manera u otra, acaba salpicando toda nuestra vida.
En la última década hemos asistido a un bombardeo constante de este tipo de noticias que constituye el fiel reflejo de nuestro grado de torpeza emocional, de nuestra desesperación y de la insensatez de nuestra familia, de nuestra comunidad y, en suma, de toda nuestra sociedad. Estos años constituyen la apretada crónica de la rabia y la desesperación galopantes que bullen en la callada soledad de unos niños cuya madre trabajadora los deja con la televisión como única niñera, en el sufrimiento de los niños abandonados, descuidados o que han sido víctimas de abusos sexuales y en la mezquina intimidad de la violencia conyugal. Este malestar emocional también es el causante del alarmante incremento de la depresión en todo el mundo y de las secuelas que lo deja tras de sí la inquietante oleada de la violencia: escolares armados, accidentes automovilísticos que terminan a tiros, parados resentidos que masacran a sus antiguos compañeros de trabajo, etcétera. Abuso emocional, heridas de bala y estrés postraumático son expresiones que han llegado a formar parte del léxico familiar de la última década, al igual que el moderno cambio de eslogan desde el jovial «¡Que tenga un buen día!» a la suspicacia del «¡Hazme tener un buen día!».
Este libro constituye una guía para dar sentido a lo aparentemente absurdo. En mi trabajo como psicólogo y —en la última década— como periodista del New York Times, he tenido la oportunidad de asistir a la evolución de nuestra comprensión científica del dominio de lo irracional. Desde esta privilegiada posición he podido constatar la existencia de dos tendencias contrapuestas, una que refleja la creciente calamidad de nuestra vida emocional y la otra que nos parece brindarnos algunas soluciones sumamente esperanzadoras.

Lo sé, es largo.. y sólo es el principio de un libro con el que he topado gracias a un amigo que le encanta investigar sobre psicología. Se trata de La inteligencia emocional, por Daniel Goleman. Creo sinceramente que merece la pena leerlo.

martes, 4 de octubre de 2011

UNA CANCIÓN PARA TRABAJAR

Bueno,bueno, ya sé que no es tan difícil, pero la encontré y aunque no es mi favorita canción de Miguel Bosé es una buena excusa para contactar:

GATOS NEGROS

¡Esas supersticiones! ¿Es algo racional? Pues depende del cristal con que se mire.
En Eslovenia, según Vera LAMUT:



Me parece que los eslovenos no somos una nación muy supersticiosa, nos parecemos un poco a los alemanes.
Sin embargo, un gato negro que encuentras en la calle trae mala suerte y tienes que tocar un botón de tu ropa cuando encuentras un "limpiachimeneas" (deshollinador)( la palabra me gusta mucho más que simplemente "deshollinador" )para tener buena suerte.
Tréboles de cuatro hojas traen suerte también.
Por otra parte, el número 13 es muy desdichado; en la calle más antigua de mi ciudad no hay una casa con el número 13, sólo una 11a, y cuando el 13 de un mes cae en viernes los locutores de todos los programas de radio tienen un tema para todo el día.
He comprobado muchas veces que las personas sin religión buscan -y encuentran- otra cosa en la que creer; por lo menos esto ocurre en mi país.



Berk, mi turco encantador:

Nosotros en Turquía creemos que la superstición está en muchos lugares; por ejemplo, por las mañanas, si alguien está enfadado nos decimos que esa eprsona "se ha levantado con el pie derecho". El gato negro también atrae la mala suerte.

También hay otras como por ejemplo si una mujer se casa, sus amigos escriben sus nombres debajo de los zapatos de la novia para casarse temprano.
También ver a la novia antes de casarse trae mala suerte.

Las personas de Turquía creen en un amuleto que puede colgarse en el cuello o llevar en la muñeca para evitar los ojos del diablo.
Nosotros siempre entramos en un lugar con el pie derecho; hay personas que piensan que el número 13 trae mala suerte; tiramos monedas al mar para pedir deseos.
Si las zapatillas se tambalean las arreglamos, porque pensamos que unas zapatillas tambaleantes traen mala suerte.
Si alguien va a un lugar lejano las personas tiran agua después de su salida, porque hay una frase que dice "vaya como agua, venga como agua", que significa el deseo de que vuelva tan rápido como el agua.
Romper un vaso o un plato significa que algo feo viene a la casa.
Si hablamos acerca de una cosa mala nos tiramos de las orejas y tocamos madera tres veces.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL FINAL DEL VERANO...

Bueno,bueno, cómo que no iba a volver??? Soy un poco perezosa en verano, pero aquí vuelvo a la carga!
Gracias a todos los que seguís en la distancia, sé por unos medios y otros que continuais ahí, GRACIAS!
Y por ser buenos os voy a incluir un video de una actriz cómica española que me encanta parodiando a los albañiles cuando van a reparar algo a tu casa... esto es C1!! A ver quién lo ha entendido:
3 sonrisas valen un punto!